Resulta casi una casualidad que el ser humano haya sido la
especie elegida para dominar el mundo y actuar sobre él a su antojo. Lo único
que lo detiene son los fenómenos naturales, incontrolables, de momento.
Si es una casualidad
que el hombre domine la Tierra, casi más es que en nuestro planeta azul existan
las condiciones oportunas para que exista la vida, no solo la del hombre sino
del resto de seres vivos que forman la tierra. A lo largo del universo existen
infinidad de planetas y hasta el momento en el único en el que se ha encontrado
evidencia de la existencia de vida es en el nuestro. Esto no descarta, ni mucho
menos, que exista vida "extraterrestre", pero no se tiene constancia
de ello.
Volviendo a poner
los pies en la tierra. Lo que sí sabemos es que obviamente en la Tierra hay
vida y existen unas razones objetivas por las que existe vida. La primera es
que la temperatura es moderada. Nos encontramos dentro de lo que los
científicos han denominado "zona de habitabilidad". Si estuviéramos
más cerca haría mucho calor. Más lejos, mucho frío. En segundo lugar y no por
ello menos importante, una capa de gases, denominada atmósfera, rodea a la
tierra. Esta capa, vital para la existencia de vida en la Tierra, además de
contener gases esenciales como el oxígeno, absorbe parte del calor que emite el
sol. Evita que durante el día haga mucho calor y que por la noche todo lo contrario, que el frío no asole la
Tierra. Por último, el tercer motivo
hace referencia a la existencia de agua en estado líquido. Sin ella los
organismos vivos no podrían realizar sus funciones vitales.
A todo lo
anteriormente descrito hay que unirle otra serie de hechos importantes y
esenciales para la vida en el planeta Tierra. Los movimientos de rotación y
traslación.
EL primero de ellos,
el de rotación, es el que realiza la Tierra sobre sí misma. Tiene una duración
de 24 horas y es el que propicia la sucesión de días y noches. Sin la
existencia de este giro, que se produce de oeste a este, las consecuencias
serían catastróficas. Lo primero que ocurriría es que por la inercia del
movimiento y ante un parón en seco de la Tierra, saldríamos despedidos
brutalmente. Hay que recordar que el movimiento de rotación lo realiza la
Tierra a unos 1700 km/h a la altura del ecuador, por lo que frenar en seco
sería poco a aconsejable. Ahora os preguntaréis que por qué no notamos la
velocidad. Pues muy sencillo. Nosotros somos parte de ese movimiento debido a
que la Tierra y la fuerza de la gravedad nos atraen, por lo que formamos parte
del mismo bloque. Si resistiéramos al frenazo, no soportaríamos el cambio
climático que se produciría. En la cara expuesta al sol las temperaturas
altísimas acabarían con el agua disponible, con las plantas, etc. En el lado
oscuro, el frío sería insoportable.
El segundo movimiento es el de traslación, el que realiza
nuestro planeta alrededor del sol de forma elíptica. La duración de este
movimiento es de 365 días y casi 6 horas. Como nuestros años duran exactamente
365 días, cada 4 años tenemos el año bisiesto, donde se añade un día más al mes
de febrero para que ese año dure 366 días y se compense esa desviación. Este
movimiento, unido a las desviación del eje de la tierra unos 33º en relación al
sol, a lo largo del año se suceden las estaciones del año, provocadas porque el
sol no incide de la misma forma a lo
largo del año. También, debido a esta inclinación, las estaciones del año
están invertidas en los dos hemisferios. Es verano cuando uno de los dos
hemisferios recibe luz más directa que el otro. Por lo tanto, en el que la
intensidad de luz es menos, seré invierno. Los cambios de estación se producen
en días concretos debido a que los rayos del sol inciden de una forma peculiar
sobre la superficie de la Tierra. Los EQUINOCIOS marcan el inicio de la primavera
y el otoño (21 de marzo y 23 de septiembre). Los rayos llegan perpendiculares
al ecuador. El día y la noche duran 12 horas en ambos hemisferios. Los
SOLSTICIOS dan inicio al verano y al invierno (21 de junio y 21 de diciembre)
el sol está más cerca de unos de los trópicos. En junio en el Trópico Cáncer y
en diciembre en el de Capricornio.

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